En horas previas al inicio de la Semana Santa 2026, desde la Junta Diocesana de Cofradías y Hermandades de Semana Santa Orihuela-Alicante queremos ofrecerte une oración para leer, compartir y rezar al inicio de cada procesión.

 Queremos agradecer a D. Damián L. Abad, Delegado de Liturgia del Obispado Orihuela-Alicante que nos haya facilitado esta oración que hemos difundido entre todas las Juntas Mayores y consiliarios de la diócesis y que ahora publicamos por este canal de difusión.

  

«Una paz desarmada y desarmante»

 

¡La paz esté con todos vosotros!

«Este antiquísimo saludo, que sigue siendo habitual en muchas culturas, en la tarde de Pascua se llenó de nuevo vigor en labios de Jesús resucitado. «¡La paz esté con vosotros!» ( Jn 20,19.21) es su palabra, que no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad. Por eso, los sucesores de los Apóstoles dan voz cada día y en todo el mundo a la más silenciosa revolución: “¡La paz esté con vosotros!”. Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente.

El que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf. Ef 2,14) es el Buen Pastor, que da la vida por el rebaño y que tiene muchas ovejas que no son del redil (cf. Jn 10,11.16): Cristo, nuestra paz. Su presencia, su don, su victoria resplandecen en la perseverancia de muchos testigos, por medio de los cuales la obra de Dios continúa en el mundo, volviéndose incluso más perceptible y luminosa en la oscuridad de los tiempos».

Estas palabras del Papa León XIV en su mensaje del pasado 1 de enero, Jornada Mundial de oración por la Paz, nos estimulan a seguir pidiendo el don de la paz para nuestro mundo, en el que tantos conflictos armados siguen abiertos.

Seamos conscientes de que al procesionar por nuestras calles con la/s sagrada/s imagen/es de _____________________, podemos ser instrumentos de paz, haciendo visible el mayor acto de reconciliación llevado a cabo en el mundo a través de la entrega a la muerte del Cordero que vino a quitar el pecado del mundo y a darnos la paz.

 También nosotros, hermanos y cofrades, debemos implicarnos en la construcción de la paz que Dios quiere para nuestro mundo, dándole más cabida en nuestras vidas a los gestos sinceros y concretos de reconciliación entre nosotros mismos en el seno de nuestras comunidades.

 Vivamos este momento de oración y toda la procesión pidiendo por la Iglesia, por el mundo, por los alejados, por los que sufren las consecuencias de la guerra y por nosotros mismos, y digamos:

  

Padre nuestro…

  

Dios te Salve, María…

 

Gloria al Padre…